VIENEN MÁS PANDEMIAS SIN PILOTO NI MANDO
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► “NO HAY MOTIVO DE ALARMA” EN VENEZUELA POR LA VIRUELA DEL MONO - VOA
"La Viruela del Mono" es parecida a la viruela humana pero mucho más leve. La recuperación en las personas se da a las pocas semanas y es un virus que se suele transmitir por contacto físico o fluidos corporales. Las autoridades subrayan que el riesgo público es reducido, pero aconsejan a quienes adviertan síntomas a aislarse inmediatamente.
► CÓMO
SE TRANSMITE LA VIRUELA DEL MONO Y QUÉ HACER PARA EVITAR CONTAGIARTE
“La próxima pandemia; Sin plan, sin
mando ni piloto”
Prevengamos la próxima pandemia mientras aún recordamos el
horror vivido
No asumamos que la próxima plaga será como la actual,
escribe Bill Gates en un libro del que ‘Ideas’ adelanta un extracto. Tal vez
afecte más a los jóvenes y se propague por superficies. Ideemos planes para
enfrentarla
BILL
GATES – El
Pais Ya han pasado casi
dos años y medio desde que un nuevo virus con síntomas similares a la gripe se extendiera por
el mundo. Desde entonces, se han notificado más de 500 millones de casos de
covid-19. Se espera que las pérdidas de la economía global superen los 14
trillones de dólares. Seis millones de personas han fallecido. Y, trágicamente, la pandemia aún no ha terminado.
Puede surgir una variante más peligrosa, una que se propague más
fácilmente, cause síntomas más graves o evada la inmunidad mejor que las
variantes anteriores. Si las vacunas y la inmunidad natural no impiden que se
produzca un alto índice de fallecimientos ante tal variante, el mundo tendrá un
problema muy grave.
Por esa razón, los gobiernos nacionales, los investigadores
académicos y el sector privado tendrán que seguir haciendo un gran esfuerzo
para obtener unas herramientas nuevas o mejoradas que nos protejan contra las
peores secuelas de la covid-19 si la amenaza evoluciona. Los gobiernos deberán
proteger a sus ciudadanos, usando estrategias que consideren el hecho de que
cada lugar tiene su propia idiosincrasia en cuanto a la covid-19. La capacidad
de las nuevas oleadas de covid-19 para propagarse entre la población depende
mucho del número de personas que hayan sido vacunadas, infectadas, las dos cosas
o ninguna de ellas. Las autoridades sanitarias deberán adaptar sus estrategias
en función de lo que los datos indiquen que pueda ser más efectivo en las áreas
donde están trabajando.
Además de todo esto, los gobiernos deben esforzarse aún más en
dar una información mejor sobre la incidencia de la covid-19. A menudo, sobre
todo en los países en desarrollo, los datos acerca de la covid-19 proceden de
unas pruebas clínicas escasas y de unos datos desfasados obtenidos mediante
unas encuestas sencillas llevadas a cabo entre ciertas poblaciones en
particular, como los sanitarios y los donantes de sangre. Con la ayuda de una
vigilancia constante de la enfermedad, los países pueden obtener unos
conocimientos cruciales; entre ellos, cuáles serán las maneras más efectivas de
utilizar las intervenciones no farmacológicas al mismo tiempo que se acelera la
recuperación económica.
Con algo de suerte, pasaremos a tratar la covid-19 como una enfermedad endémica, igual que la gripe estacional. Entretanto, con
independencia de que la covid-19 remita o vuelva agresivamente, también tenemos
que esforzarnos en alcanzar otra meta distinta a largo plazo: prevenir la
próxima pandemia.
Durante décadas hubo gente
que advirtió al mundo de que debía prepararse para una pandemia, pero
prácticamente nadie se lo tomó como algo prioritario. Entonces nos atacó la covid-19 y detenerla se convirtió en el
asunto más importante de la agenda global. Lo que me preocupa ahora es que, si
la covid-19 remite, el mundo centrará su atención en otros problemas, y la
prevención de pandemias volverá una vez más a estar en un segundo plano; o
incluso igual en ninguno. Debemos tomar medidas ya, mientras todos nosotros
todavía recordamos lo horrible que ha sido esta pandemia y sentimos la
necesidad de que nunca se debe permitir que surja otra.
Al mismo tiempo, haber vivido esta experiencia puede llevarnos a
engaño. No deberíamos asumir que la próxima amenaza pandémica vaya a ser
exactamente como la covid-19.
Tal vez afecte más a los jóvenes que a los ancianos, o quizá
también se propague adhiriéndose a superficies o a través de las heces humanas.
Tal vez sea más contagiosa y se transmita con más facilidad de una persona a
otra. O tal vez sea más letal. O, lo que es peor, podría ser a la vez más letal
y más contagiosa.
Y podría estar diseñada por seres humanos. Aunque el plan
mundial debería centrarse principalmente en protegernos de los patógenos
naturales, los gobiernos también tendrían que tomarse muy en serio la
posibilidad de colaborar con el fin de
prepararse para un ataque bioterrorista. Gran parte de este plan consiste
en dar pasos que deberíamos dar de todas formas, como mejorar la vigilancia de
las enfermedades, así como prepararnos para diseñar tratamientos y vacunas con
más rapidez. No obstante, las autoridades militares deberían colaborar con los
expertos en salud para diseñar políticas, configurar
la agenda de investigación y realizar simulaciones de enfermedades en las
cuales el patógeno fuera capaz de matar a millones o incluso miles de millones
de personas.
Con independencia de cómo se produzca el siguiente gran brote,
la clave es contar con mejores planes que los que tenemos hoy en día y con
herramientas que se puedan utilizar con rapidez.
Afortunadamente se han implementado buenos sistemas que permitan
desarrollar esas herramientas. Los gobiernos de Estados Unidos, Europa y China
están financiando investigaciones experimentales en sus primeras fases y
apoyando el desarrollo del producto. India, Indonesia y otros países emergentes
también están dando pasos en esa dirección. Biotech y las compañías
farmacéuticas cuentan con grandes presupuestos para sacar las ideas del
laboratorio y llevarlas al mercado.
De lo que carecen la mayoría de los países es de un plan
concreto; un plan nacional de investigación que financie las mejores ideas científicas. Tiene que quedar claro quién está al mando
del plan pandémico, hay que controlar el avance del mismo, probar ideas,
implementar las más exitosas y cerciorarse de que acaban siendo unos productos
que puedan ser manufacturados en cantidades masivas rápidamente.
Sin un plan en marcha, cuando ocurra el próximo gran brote, el
Gobierno actuará de una manera reactiva y será demasiado tarde, ya que
tendremos que intentar trazar un plan cuando la pandemia ya se esté
expandiendo, y esa no es forma de proteger a la gente. Comparemos esta
situación con el modo en que los gobiernos se ocupan de la defensa nacional,
donde se sabe exactamente quién es el responsable de evaluar las amenazas, de
desarrollar nuevas capacidades y de llevar a cabo su implementación.
Necesitamos estrategias para los brotes que sean tan claras, rigurosas y
exhaustivas como la mejor estrategia militar del mundo.
Y no nos olvidemos de que todo este esfuerzo adicional para evitar pandemias tiene otra enorme ventaja: también podremos erradicar familias enteras de virus respiratorios; entre ellas, los coronavirus y la gripe, enfermedades que causan un tremendo sufrimiento. El impacto económico y en número de vidas humanas salvadas que tendría esto sería increíble en todo el mundo.
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